Cuentan que en cierta ocasión el gran tenor Enrico Caruso sufrió un ataque de miedo escénico.
Los espasmos causados por el miedo intenso le provocaron una contractura en los músculos de la garganta, sentía sus cuerda vocales paralizadas, inútiles.
Se quedó entre bambalinas, ya vestido para actuar, con el rostro empapado en sudor. Se suponía que iba a salir a cantar al escenario en tan sólo unos momentos ante una multitudinaria y expectante audiencia.
Tembloroso dijo: "No puedo cantar. Se van a reír de mí. Mi carrera está acabada".
Se dio la vuelta para regresar a su camerino, pero de repente se paró y gritó: "Mi Pequeño Yo está intentando matar a mi Gran Yo".
Se giró hacia el escenario otra vez y se irguió más alto. "Sal de aquí", ordenó, dirigiéndose a su Pequeño Yo. "EL YO GRANDE QUIERE CANTAR A TRAVÉS MIO".
Empezó a gritar: "¡Fuera, fuera, el Yo Grande va a cantar!". Cuando sonó la llamada, salió al escenario y cantó de forma majestuosa y gloriosa.
Cautivó a la audiencia.

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